Ricardo Ordóñez /ICAL
Eduardo Francés, presidente de Adeco
Pioneros del Camino (XI)- Eduardo Francés: “Sigo todavía admirando al que sonríe al peregrino aunque no deje ni un céntimo”
Carmen Viñas - El presidente de Adeco Camino lleva dos décadas vinculado al Camino, tiempo en el que ha contribuido a mejorar las infraestructuras jacobeas
En noviembre de 1986 pidió una excedencia en su trabajo como funcionario de la Junta para dirigir una escuela taller en Castrojeriz que construyese un albergue de peregrinos. Tenía 34 años y comenzó entonces su especial relación con la ruta jacobea que no ha abandonado desde que contribuyó a fundar la Asociación de Amigos del Camino de Burgos, ni en sus doce años como alcalde de Castrojeriz, ni en los cuatro como concejal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos. Actualmente, Eduardo Francés preside la asociación de desarrollo rural Adeco-Camino. Cuando echa la vista atrás lamenta que la ruta se haya comercializado “demasiado” y aboga por conceder “la ‘compostela’ de Castilla y León ya”. El secreto para que la ruta perviva, en su opinión, pasa por atender al peregrino y permitirle que haga el camino en las mejores condiciones.
¿Conocer a Elías Valiña supuso para usted un punto de inflexión?
Pues sí. Un día que Él recorría el Camino con sus botes de pintura amarilla apareció por Castrojeriz y vio a un grupo de gente joven trabajando y nos preguntó quiénes éramos. Le explicamos que estábamos rehabilitando una casa para albergue de peregrinos y nos pidió permiso para hacernos una foto. Yo no sabía quién era él. A primeros de enero, don José María Alonso Marroquín, que era el párroco de San Juan de Ortega, prácticamente la única persona que atendía a los peregrinos en la provincia de Burgos, me dijo que le habían invitado a ir a un congreso a París, pero que no se atrevía a ir él solo con el coche. Yo me ofrecí a llevarlo y vino también con nosotros Braulio Valdivielso, que al final fue secretario de la primera junta directiva de la Asociación de Burgos. Resulta que en la conferencia que daba ‘el párroco del Cebreiro’, proyectó aquella fotografía que nos hizo en Castrojeriz para explicar que el Camino estaba vivo.
¿En aquellos inicios, contaron con el apoyo de las instituciones?
Pedíamos pocas ayudas. La administración tampoco ofrecía muchas posibilidades financieras en aquellos momentos. Nos dedicábamos fundamentalmente a hacer albergues públicos. En Castrojeriz, en San Antón, en Hontanas, en Itero.. Creo que en nuestro entorno se hicieron muchas intervenciones no enfocadas a un fin crematístico sino de mejora de la atención al peregrino. Pero no solo en esa zona, porque la asociación la creamos para atender toda la provincia. En otros puntos, los alcaldes y las personas más interesadas directamente en el Camino también se dedicaron a ello. Quizá lo que más duele al pasar los años es que en San Juan de Ortega, don José María falleciese sin que se plasmasen tantas propuestas y promesas de intervención en un lugar que es muy importante, que es una referencia para todo el peregrino.
A su juicio, ¿cuál ha sido el cambio fundamental en estos veinte años?
El Camino se ha masificado. En muchos pueblos hay más peregrinos durmiendo que habitantes en el pueblo, y es muy difícil cargar la responsabilidad al alcalde o a la asociación de ese pueblo para atender a los peregrinos que son el doble o el triple del número de vecinos con los que cuentan. Pero también ha servido para que los peregrinos que lo recorren hayan contribuido a dinamizar económicamente los pueblos. Se han creado pequeñas infraestructuras hoteleras y se ha evitado la despoblación en muchos de ellos. Rabanal del Camino (León), por ejemplo, yo lo he conocido con todas las casas prácticamente cerradas, y ahora mismo, no solo hay albergues y una comunidad religiosa estable, sino que se han abierto establecimientos de hostelería, porque también necesita ese complemento, porque hay peregrinos de todos los poderes adquisitivos y con distintos planteamientos.
¿Hay algo de lo que se sienta especialmente orgulloso por haber contribuido a este resurgir del Camino?
Pues de ayudar a las personas que querían mejorar esas infraestructuras jacobeas. Desde la asociación que presido, Adeco Camino, que es una asociación de desarrollo rural, hemos ayudado a todas las personas que cumplían las condiciones que nos exige la normativa de la Junta, a que su proyecto haya salido adelante. Y eso ha servido para crear esa infraestructura jacobea a la que me refería antes, especialmente en Castrojeriz, porque a mí me parecía que era un punto negro en el Camino de Santiago. Leí hace muchos años un artículo de un peregrino en una revista que decía que lo que recordaba con más pena fue la noche que tuvo que pasar en Castrojeriz porque no había albergue y había tenido que dormir en malas condiciones. Me comprometí a que el peregrino tuviese un sitio que pudiese ser especialmente cálido y de recordar como uno de los puntos donde mejor se pudiese atender.
¿Pueden convivir las instituciones privadas con las públicas en cuanto a alojamientos?
Cuando en el año 86 yo pedí la excedencia y a lo largo del 87 estábamos haciendo la obra, paralelamente, mi familia estaba haciendo un hotel en Castrojeriz y yo no entendía que se estuviese haciendo ninguna competencia. El peregrino es el mejor divulgador de lo que tiene el Camino y es el que mejor puede colaborar con los pueblos del Camino y con las infraestructuras hoteleras para en el futuro repetir o volver ya no como peregrino sino como turista. Pero no debemos confundir ambos términos.
¿Se encuentra el Camino en su mejor momento?
Creo que se encontraba en su mejor momento en los años 80 y 90, cuando todos estábamos descubriéndolo y pensábamos que el Camino era algo que nos unía a Europa, que nos había unido en la Edad Media y que después de muchos años de ostracismo nos volvía a unir. Ahora ya no se puede hablar de resurgimiento, está ahí, es un fenómeno social, de masas, pero a mí me da mucha pena cuando dicen que el Camino puede morir de éxito. El Camino no tiene por qué morir de éxito si los que estamos cerca de él sabemos que lo fundamental es atender al peregrino y permitirle que haga su camino en las mejores condiciones. Y si somos capaces de divulgar esas virtudes del Camino y de hacer que todo el mundo lo conozca. Pero creo que, lo decía antes, tenemos que diferenciar entre el peregrino y el turista.
¿Queda magia aún en el Camino?
Todo no se puede controlar. El peregrino no puede saber dónde va a dormir o comer, porque a lo mejor cuando llegue al albergue no hay sitio, o esa etapa que había previsto que llegaría a las dos de la tarde, pues tiene que acabar a las seis, hasta que encuentre sitio en un albergue diez kilómetros más adelante. Con lo que el Camino siempre tiene esa posibilidad de descubrir a gente nueva, reunirte con desconocidos, y eso llena mucho al peregrino y te sorprende cada día. Yo encontré a muchísima gente, las veces que he hecho el Camino he hablado con gente que no me lo esperaba.
¿Qué echa de menos de aquellos años?
Por una parte la edad (risas). Hacer el camino con 30 es diferente a hacerlo con 55. Desde luego, la ilusión que tenía mucha gente. El camino, desgraciadamente, se ha comercializado demasiado. En estos momentos hay muchas personas que están solo a sacarle rédito al peregrino, y yo sigo todavía admirando al que sonríe al peregrino aunque no deje ni un céntimo. Lo importante es eso, ver al peregrino como si fuésemos nosotros mismos, nuestro hermano o hijo que está haciendo el Camino y que nos gustaría que lo atendiesen bien en otros pueblos. Yo veo el Camino como ese itinerario que recorremos todos desde que nacemos hasta que terminamos y esa figura de Camino como camino nos va acercando también hacia lo que es la vida de cada uno. A los creyentes nos acerca a los orígenes de nuestra vida y al compromiso que tenemos que tener como cristianos, y a los que no lo son, pues les deja abierta la puerta por descubrir y por reflexionar.
¿Con los caminos señalizados y construidos los albergues, qué papel deben jugar ahora las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago?
Deberían centrarse en atender al peregrino, abrir albergues y mantenerlos en localidades más pequeñas que es donde se necesitan. Las asociaciones tienen un número importante de socios, no pueden quedarse solo en organizar conferencias y viajes. Creo que la atención al peregrino es lo más importante. Casi todas las asociaciones al crearse decíamos que los fines eran la atención al peregrino, la promoción del Camino, la conservación física de la ruta, y eso es muy importante, pero ¿para qué?, para atender al peregrino. Lo mejor que se puede hacer es tener ese contacto directo con el peregrino, que no sé si se tiene en general.
La principal diferencia de Castilla y León respecto a Galicia dicen que es su hospitalidad
Desde luego en Castilla y León hay un espíritu de hospitalidad muy acentuado, yo lo he sentido siempre. En Galicia tienen muchos más peregrinos que nosotros. Mucha gente hace los últimos cien kilómetros para conseguir la ‘Compostela’ y realmente el espíritu jacobeo puede ser menor por el número de personas que tienen que atender, y allí quizás esté más materializado, más ‘metalizado’, allí todo se hace por plata. Y en cambio, en el territorio de Castilla y León dicen que es el tramo donde con más cariño se les atiende, donde se les ve más peregrinos, mientras que en otros sitios los miran como turistas.
¿Estaría a favor de cambiar las reglas de la ‘Compostela’?
Claro que sí. Yo daría la ‘compostela’ de Castilla y León, habría que darla ya. Los kilómetros que se recorren en nuestra Comunidad constituyen la mitad de la ruta jacobea, por lo que estaría a favor de dar un reconocimiento, un documento, a los que hagan el recorrido por nuestra Comunidad Autónoma. Lo que no termino de entender es que algunas personas que dicen que tienen poco tiempo se salten tramos fundamentales del Camino para llegar antes a Galicia. El Camino es muy amplio y comprendo que todo el mundo no tiene un mes para dedicarlo a esto, porque creo que hay que hacerlo a pie para no perderse muchas cosas.
¿Qué espera de este jacobeo?
De los jacobeos no suelo esperar mucho porque se reducen a cifras, y a que hemos conseguido tener más visitantes o más peregrinos, y yo creo que no es tan impactante que haya una cifra que supere al anterior jacobeo. Creo que podemos esperar que haya sido satisfactorio para las personas que hayan recorrido nuestros caminos y que lo cuenten en su país, en su grupo de amigos, que les digan que es una forma distinta de pasar unos días de vacaciones, y que engancha y que las personas que han hecho el Camino terminan volviendo con otros grupos de personas y son los mejores divulgadores del fenómeno jacobeo. Entonces, espero que haya podido llegar a muchas personas el toque del Camino de Santiago.
Fuente:www.icaljacobeo.es
En noviembre de 1986 pidió una excedencia en su trabajo como funcionario de la Junta para dirigir una escuela taller en Castrojeriz que construyese un albergue de peregrinos. Tenía 34 años y comenzó entonces su especial relación con la ruta jacobea que no ha abandonado desde que contribuyó a fundar la Asociación de Amigos del Camino de Burgos, ni en sus doce años como alcalde de Castrojeriz, ni en los cuatro como concejal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos. Actualmente, Eduardo Francés preside la asociación de desarrollo rural Adeco-Camino. Cuando echa la vista atrás lamenta que la ruta se haya comercializado “demasiado” y aboga por conceder “la ‘compostela’ de Castilla y León ya”. El secreto para que la ruta perviva, en su opinión, pasa por atender al peregrino y permitirle que haga el camino en las mejores condiciones.
¿Conocer a Elías Valiña supuso para usted un punto de inflexión?
Pues sí. Un día que Él recorría el Camino con sus botes de pintura amarilla apareció por Castrojeriz y vio a un grupo de gente joven trabajando y nos preguntó quiénes éramos. Le explicamos que estábamos rehabilitando una casa para albergue de peregrinos y nos pidió permiso para hacernos una foto. Yo no sabía quién era él. A primeros de enero, don José María Alonso Marroquín, que era el párroco de San Juan de Ortega, prácticamente la única persona que atendía a los peregrinos en la provincia de Burgos, me dijo que le habían invitado a ir a un congreso a París, pero que no se atrevía a ir él solo con el coche. Yo me ofrecí a llevarlo y vino también con nosotros Braulio Valdivielso, que al final fue secretario de la primera junta directiva de la Asociación de Burgos. Resulta que en la conferencia que daba ‘el párroco del Cebreiro’, proyectó aquella fotografía que nos hizo en Castrojeriz para explicar que el Camino estaba vivo.
¿En aquellos inicios, contaron con el apoyo de las instituciones?
Pedíamos pocas ayudas. La administración tampoco ofrecía muchas posibilidades financieras en aquellos momentos. Nos dedicábamos fundamentalmente a hacer albergues públicos. En Castrojeriz, en San Antón, en Hontanas, en Itero.. Creo que en nuestro entorno se hicieron muchas intervenciones no enfocadas a un fin crematístico sino de mejora de la atención al peregrino. Pero no solo en esa zona, porque la asociación la creamos para atender toda la provincia. En otros puntos, los alcaldes y las personas más interesadas directamente en el Camino también se dedicaron a ello. Quizá lo que más duele al pasar los años es que en San Juan de Ortega, don José María falleciese sin que se plasmasen tantas propuestas y promesas de intervención en un lugar que es muy importante, que es una referencia para todo el peregrino.
A su juicio, ¿cuál ha sido el cambio fundamental en estos veinte años?
El Camino se ha masificado. En muchos pueblos hay más peregrinos durmiendo que habitantes en el pueblo, y es muy difícil cargar la responsabilidad al alcalde o a la asociación de ese pueblo para atender a los peregrinos que son el doble o el triple del número de vecinos con los que cuentan. Pero también ha servido para que los peregrinos que lo recorren hayan contribuido a dinamizar económicamente los pueblos. Se han creado pequeñas infraestructuras hoteleras y se ha evitado la despoblación en muchos de ellos. Rabanal del Camino (León), por ejemplo, yo lo he conocido con todas las casas prácticamente cerradas, y ahora mismo, no solo hay albergues y una comunidad religiosa estable, sino que se han abierto establecimientos de hostelería, porque también necesita ese complemento, porque hay peregrinos de todos los poderes adquisitivos y con distintos planteamientos.
¿Hay algo de lo que se sienta especialmente orgulloso por haber contribuido a este resurgir del Camino?
Pues de ayudar a las personas que querían mejorar esas infraestructuras jacobeas. Desde la asociación que presido, Adeco Camino, que es una asociación de desarrollo rural, hemos ayudado a todas las personas que cumplían las condiciones que nos exige la normativa de la Junta, a que su proyecto haya salido adelante. Y eso ha servido para crear esa infraestructura jacobea a la que me refería antes, especialmente en Castrojeriz, porque a mí me parecía que era un punto negro en el Camino de Santiago. Leí hace muchos años un artículo de un peregrino en una revista que decía que lo que recordaba con más pena fue la noche que tuvo que pasar en Castrojeriz porque no había albergue y había tenido que dormir en malas condiciones. Me comprometí a que el peregrino tuviese un sitio que pudiese ser especialmente cálido y de recordar como uno de los puntos donde mejor se pudiese atender.
¿Pueden convivir las instituciones privadas con las públicas en cuanto a alojamientos?
Cuando en el año 86 yo pedí la excedencia y a lo largo del 87 estábamos haciendo la obra, paralelamente, mi familia estaba haciendo un hotel en Castrojeriz y yo no entendía que se estuviese haciendo ninguna competencia. El peregrino es el mejor divulgador de lo que tiene el Camino y es el que mejor puede colaborar con los pueblos del Camino y con las infraestructuras hoteleras para en el futuro repetir o volver ya no como peregrino sino como turista. Pero no debemos confundir ambos términos.
¿Se encuentra el Camino en su mejor momento?
Creo que se encontraba en su mejor momento en los años 80 y 90, cuando todos estábamos descubriéndolo y pensábamos que el Camino era algo que nos unía a Europa, que nos había unido en la Edad Media y que después de muchos años de ostracismo nos volvía a unir. Ahora ya no se puede hablar de resurgimiento, está ahí, es un fenómeno social, de masas, pero a mí me da mucha pena cuando dicen que el Camino puede morir de éxito. El Camino no tiene por qué morir de éxito si los que estamos cerca de él sabemos que lo fundamental es atender al peregrino y permitirle que haga su camino en las mejores condiciones. Y si somos capaces de divulgar esas virtudes del Camino y de hacer que todo el mundo lo conozca. Pero creo que, lo decía antes, tenemos que diferenciar entre el peregrino y el turista.
¿Queda magia aún en el Camino?
Todo no se puede controlar. El peregrino no puede saber dónde va a dormir o comer, porque a lo mejor cuando llegue al albergue no hay sitio, o esa etapa que había previsto que llegaría a las dos de la tarde, pues tiene que acabar a las seis, hasta que encuentre sitio en un albergue diez kilómetros más adelante. Con lo que el Camino siempre tiene esa posibilidad de descubrir a gente nueva, reunirte con desconocidos, y eso llena mucho al peregrino y te sorprende cada día. Yo encontré a muchísima gente, las veces que he hecho el Camino he hablado con gente que no me lo esperaba.
¿Qué echa de menos de aquellos años?
Por una parte la edad (risas). Hacer el camino con 30 es diferente a hacerlo con 55. Desde luego, la ilusión que tenía mucha gente. El camino, desgraciadamente, se ha comercializado demasiado. En estos momentos hay muchas personas que están solo a sacarle rédito al peregrino, y yo sigo todavía admirando al que sonríe al peregrino aunque no deje ni un céntimo. Lo importante es eso, ver al peregrino como si fuésemos nosotros mismos, nuestro hermano o hijo que está haciendo el Camino y que nos gustaría que lo atendiesen bien en otros pueblos. Yo veo el Camino como ese itinerario que recorremos todos desde que nacemos hasta que terminamos y esa figura de Camino como camino nos va acercando también hacia lo que es la vida de cada uno. A los creyentes nos acerca a los orígenes de nuestra vida y al compromiso que tenemos que tener como cristianos, y a los que no lo son, pues les deja abierta la puerta por descubrir y por reflexionar.
¿Con los caminos señalizados y construidos los albergues, qué papel deben jugar ahora las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago?
Deberían centrarse en atender al peregrino, abrir albergues y mantenerlos en localidades más pequeñas que es donde se necesitan. Las asociaciones tienen un número importante de socios, no pueden quedarse solo en organizar conferencias y viajes. Creo que la atención al peregrino es lo más importante. Casi todas las asociaciones al crearse decíamos que los fines eran la atención al peregrino, la promoción del Camino, la conservación física de la ruta, y eso es muy importante, pero ¿para qué?, para atender al peregrino. Lo mejor que se puede hacer es tener ese contacto directo con el peregrino, que no sé si se tiene en general.
La principal diferencia de Castilla y León respecto a Galicia dicen que es su hospitalidad
Desde luego en Castilla y León hay un espíritu de hospitalidad muy acentuado, yo lo he sentido siempre. En Galicia tienen muchos más peregrinos que nosotros. Mucha gente hace los últimos cien kilómetros para conseguir la ‘Compostela’ y realmente el espíritu jacobeo puede ser menor por el número de personas que tienen que atender, y allí quizás esté más materializado, más ‘metalizado’, allí todo se hace por plata. Y en cambio, en el territorio de Castilla y León dicen que es el tramo donde con más cariño se les atiende, donde se les ve más peregrinos, mientras que en otros sitios los miran como turistas.
¿Estaría a favor de cambiar las reglas de la ‘Compostela’?
Claro que sí. Yo daría la ‘compostela’ de Castilla y León, habría que darla ya. Los kilómetros que se recorren en nuestra Comunidad constituyen la mitad de la ruta jacobea, por lo que estaría a favor de dar un reconocimiento, un documento, a los que hagan el recorrido por nuestra Comunidad Autónoma. Lo que no termino de entender es que algunas personas que dicen que tienen poco tiempo se salten tramos fundamentales del Camino para llegar antes a Galicia. El Camino es muy amplio y comprendo que todo el mundo no tiene un mes para dedicarlo a esto, porque creo que hay que hacerlo a pie para no perderse muchas cosas.
¿Qué espera de este jacobeo?
De los jacobeos no suelo esperar mucho porque se reducen a cifras, y a que hemos conseguido tener más visitantes o más peregrinos, y yo creo que no es tan impactante que haya una cifra que supere al anterior jacobeo. Creo que podemos esperar que haya sido satisfactorio para las personas que hayan recorrido nuestros caminos y que lo cuenten en su país, en su grupo de amigos, que les digan que es una forma distinta de pasar unos días de vacaciones, y que engancha y que las personas que han hecho el Camino terminan volviendo con otros grupos de personas y son los mejores divulgadores del fenómeno jacobeo. Entonces, espero que haya podido llegar a muchas personas el toque del Camino de Santiago.
Fuente:www.icaljacobeo.es






