Paco Alcántara. Valladolid
La preocupación de muchos peregrinos que emprenden el Camino de Santiago este invierno no pasa sólo por superar las etapas con frío, lluvia y nieve; que este año se han convertido en habituales. También, a diario, tienen que medir muy bien la longitud de cada etapa para concluir la jornada en una localidad que cuente con un albergue abierto.
Se dan casos extremos como los de dos murcianos que comenzaron la peregrinación, a principios de enero de 2009, al otro lado de los Pirineos, en San Juan a Pie de Port. Decidieron recorrer en autobús un tramo de más de 160 kilómetros entre Burgos, Palencia y León, ante el temor de encontrar cerrado los albergues que se asientan en lugares emblemáticos en la ruta como Frómista, Villalcazar de Sirva o El Burgo Ranero. “No podemos pernoctar en pensiones, porque nos pasamos de presupuesto”, comenta Ginés, tras esta peripecia. De hecho, planificaron el viaje para gastar, cada uno, unos treinta euros diarios; “esto termina con la peregrinación en invierno y con la gente que, como nosotros, nos gusta hacerla de un tirón y no disponemos de grandes recursos económicos”, lamenta el santiaguista. Alejandro, su compañero, susurra una propuesta, “debiera de permanecer abierto un local para acoger peregrinos, al menos, cada veinte kilómetros”.
Otros se quejan por la falta de información. No sólo porque las guías tradiciones ofrecen datos válidos solo para el verano, en los albergues abiertos tampoco se colocan en lugares visibles anuncios en los que se indique “los que están de guardia” en esta época invernal, comenta otro caminante desde Villafranca Montes de Oca.
Este jacobita no salía de su asombro cuando comprobó, a mediados de enero pasado, que éste era el primer lugar donde podía pernoctar, desde que entró en Castilla y León. Encontró cerrados todos los albergues de Belorado y se quedó de un aire cuando la hospitalera que le acogía anunció que en, San Juan de Ortega, desde que murió el párroco José María Alonso, el albergue tampoco tiene quien lo atienda. Debió de elegir por caminar hasta Agés o dirigirse a Burgos, con lo que, en un día habría caminado 36 kilómetros.
Cerrojazo
Desde el pasado mes de noviembre, muchos albergues jacobeos echaron el cerrojo y no abrirán hasta la primavera. Ángel Luis Barreda, palentino y presidente de la Federación de Asociaciones del Camino de Santiago, lo reconoce: “la verdad es que dan ganas de poner el cartel de cerrado durante el invierno, no es nuevo, aunque siempre ha sido así”. Este dirigente jacobeo lamenta que, aunque cada vez existen más albergues, la mayoría privados, “no ha aumentado la oferta invernal, y muchos optan por cerrar, para no tener pérdidas”.
Desde la Junta, Manuel Fuentes, Comisionado para los Caminos de Santiago, considera que es un problema que padecen todas las comunidades, “pero se acentúa en Castilla y León por la cantidad de kilómetros que tenemos en la región”. Según señala, tras recoger los datos de los puntos donde hay albergues cerrado en inviernos, “estudiamos crear una red básica que deberá estar abierta todo el año”. Fuente reconoce que tendrán que apoyarse en congregaciones religiosas, asociaciones jacobeas y ayuntamientos y “ofrecerles un incentivo”, para que no cierren.
Son varios los empresarios que regenta hospitales de peregrinos y ofrecen la misma respuesta para esta clausura invernal, los gastos de calefacción y agua caliente son muy elevados y “apenas si recibes a dos peregrinos, al día; para nada es rentable” concluyen.
La mayoría de los albergues abiertos en estos meses fríos son propiedad de los ayuntamientos, de asociaciones de amigos del camino o los regentan religiosas. Tanto las monjas Carbajalas en León o las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl, en Carrión de los Condes, mantienen ese espíritu hospitalario durante todo el año. Estas últimas religiosas han habilitado un dormitorio con doce camas y tres duchas “no hace falta más espacio para atender la demanda invernal”, asegura Sor Aurora, que se encarga de atender a los peregrinos, “la verdad es que son pocos y el gasto que generan es muy superior a los beneficios, pero no estamos aquí para ganar dinero”, concluye esta religiosa.
Ovidio Campo, concejal de cultura en el ayuntamiento de Castrojeriz y veterano peregrino, advierte que, con el tiempo, en el Camino se va profesionalizado la atención a los caminantes, “porque van desapareciendo aquellos veteranos hospitaleros por vocación”, como José María Alonso, en San Juan de Ortega, y José Mariscal, en Carrión, que se jubiló. Para evitar este desamparo, desde hace dos años, en esta localidad burgalesa, el albergue Municipal de San Esteban se encuentra abierto los 365 días del año. Ante la imposibilidad de contar con hospitalero en esta época, “hemos colocado un cartel en la puerta del Hospital de peregrinos con un teléfono y varios vecinos se encargan de atender a quien pide pasar la noche”, concluye Campo.
Javier, un burgalés que comenzó en Roncesvalles, aún se siente indignado por los muchos lances que ha padecido, “lo de los albergues en invierno es para escribir una novela, te encuentras totalmente desamparado”, sentencia. Entonces cuenta que le pidieron 50 euros por dormir en El Burgo Ranero, “el albergue estaba cerrado, iba calado hasta los huesos, o dormía al raso o pagaba lo que me exigían en una pensión”, concluye. No es una novedad, en el Medievo fueron los mesones los mayores enemigos de los romeros a Compostela. Siempre se ha dicho que “prometían todo lo bueno y daban todo lo malo”.
Hospitalarios
Martín, un peregrino francés que supera los setenta años, sin embargo, prefiere evocar los momentos de solidaridad. De su paso por la localidad burgalesa de Hontanas, “famosa por su agua”; recuerda la atención que le dispensó la hospitalera del albergue municipal. Ni tan siquiera conoce su nombre, pero.... “llegué cansado y había llovido todo el día. La señora me abrió el local, encendió la calefacción y hasta me preparó la comida, ¡una maravilla!”.
Esperanza también enciende, a diario, la chimenea a los peregrinos que pernoctan en el albergue de Nuestra Señora del Pilar, en Rabanal del Camino, “lo agradecen, porque, enseguida entran en calor”. Esta mujer, y su hija Isabel, son ya unas veteranas de la hospitalidad jacobea. Llevan más de dos décadas atendiendo a los andorreros. Comenzó la progenitora de forma casual y ahora, Isabel, lleva las riendas del negocio.
En los años ochenta volvieron a aparecer por el pueblo, con asiduidad, sobre todo, peregrinos franceses y alemanes, y en esta localidad maragata no encontraban donde dormir, “nosotros, como teníamos sitio en casa, decidimos acogerlos”, desvela Esperanza. Ahora tienen preparado el establecimiento para recibir a más de sesenta personas, a diario.
En esta época de frío apenas si recalan tres o cuatro personas cada jornada, pero “no cerramos en todo el año”, afirma, orgullosa la madre, “en eso radica la hospitalidad jacobea, ¿verdad?”. Hasta en Navidades comparten mesa con los peregrinos. “¡Cómo los vas a dejar solos!”, se escandaliza esta mujer de ojos claros y mirada afable. Recuerda que este año tuvo que cenar, en Nochebuena, en el hospital de León, porque su esposo se encontraba hospitalizado, “pero les dejamos a los peregrinos una cazuela de pescado guisado y unas bandejas de embutidos, no podíamos abandonar la tradición, si lo hemos hecho todos los años”.
Carmen Calvo, estudiante de Periodismo, es el primer invierno que pasa como hospitalera voluntaria en Foncebadón. El albergue Monte Irago es la única casa abierta en invierno en este pueblo, casi un despoblado, sombrío, aislado por la nieve y donde parece que se esconden fantasmas de mil años, entre sus calles. Las cinco personas que atienden el establecimiento reciben con música ambiental al caminante. Como en Rabanal, el un amplio salón lo preside una inmensa chimenea de leña. “También hemos dejado unas guitarras por si algún grupo quiere cantar durante la velada”. En estos meses, la cena que ofrecen es un reconstituyente para los peregrinos, “fundamentalmente, una sopa bien caliente, o una buena paella de arroz”, comenta Carmen, “aunque, si no son muchos, les preguntamos qué quieren comer”. No acaban aquí las atenciones, disponen de una pequeña tienda de ultramarinos, ofrecen un menú vegetariano y hasta preparan tortilla de patatas. Un lujo en un despoblado a 1.300 metros de altitud donde no se ha perdido la hospitalidad jacobea.
Eduardo Francés, candidato.
i.l.h. / burgos
Es socio fundador y fue miembro de la primera junta directiva. Después de 12 años como alcalde de Castrojeriz y 4 como concejal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos, Eduardo Francés dice estar preparado para retomar la iniciativa al frente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago.
¿Por qué decide presentarse?
Además de ser partidario de que la asociación se renueve, tras realizar el Camino el año pasado soy muy consciente de las necesidades actuales del peregrino. Por otro lado, he participado en la construcción de los dos albergues municipales de Castrojeriz y, desde Adeco Camino hemos colaborado en la construcción de infraestructuras en la provincia.
¿Cuál sería su programa?
La asociación se creó con ámbito provincial y, por lo tanto, no debe circunscribirse únicamente a la ciudad de Burgos. La asociación tiene que preocuparse de lo que acontezca y las necesidades del peregrino a lo largo de los 110 kilómetros que hay desde Redecilla del Camino a Itero del Castillo. Y una vez abierto el albergue de la capital, hay que centrarse en otros municipios, adecentando todas las instalaciones. En cuanto a Burgos ciudad, hay que conseguir que el albergue sea un foco de cultura para el peregrino y el ciudadano en general. Además, debemos abrirnos a la juventud, rebajando la edad media de los socios. Pueden hacerse concursos, trabajos, talleres... y hacerles socios por una cantidad simbólica.
¿Cómo puede ayudar la asociación a Burgos 2016?
Será un respaldo muy importante porque ya desde 1987 está considerado el Primer Itinerario Cultural Europeo. Nosotros lo apoyaremos en todo momento.
¿Qué perspectivas y proyectos tiene de cara al próximo Año Santo Compostelano de 2010?
Burgos tiene que ser una referencia inmediata y fundamental. Para eso queremos organizar un congreso internacional de asociaciones de amigos del Camino de Santiago que sitúa a Burgos en el sitio que le corresponde en el mundo jacobeo. Burgos, que llegó a tener 33 hospitales en la Edad Media, siempre es una referencia importante, pero debe convertirse en el centro de la peregrinación jacobea. Para el congreso plantearía, incluso, que de aquí saliera una definición de lo que es ser peregrino, para diferenciarlo del turista.
De cara al próximo año, ¿contamos con plazas suficientes?
Siempre que es Año Compostelano se amplía la capacidad. Además del centenar de camas del albergue municipal de la capital y otras 40 de los dos privados, habría que reforzarlas en el Hospital del Rey o en otro lugar con campamentos de alojamiento.
Fuente: www.diariodeburgos.es
Los promotores han restaurado un inmueble del siglo XVII situado en una céntrica calle del pueblo.
Todo aquel peregrino que cruce la provincia de Burgos encuentra en Castrojeriz la esencia del Camino de Santiago. El antiguo hospital de San Antón se presenta en ruinas como lugar salvador de aquellas terribles enfermedades de los caminantes a las que ponían remedio los antonianos. Quizá por eso, el Centro Italiano de Estudios Compostelanos de la Universidad de Perugia ha elegido la villa castreña como sede de sus actividades en España.
También hay razones más prácticas como es la cercanía del albergue de San Nicolás, de la localidad de Itero del Castillo, que también gestiona el organismo italiano desde hace unos años. Y las hay más espirituales y humanas, como el contacto directo con el peregrino que permite el medio rural en detrimento de la invisibilidad de la gran ciudad.
«El centro de estudios jacobeos de Castrojeriz es una estructura de carácter científico que pretende estudiar el Camino de Santiago y las peregrinaciones de nuestra época, en especial todo aquello que tenga que ver con la revitalización de los caminos, las motivaciones de los peregrinos, los congresos científicos o el papel de las asociaciones», explica Paolo Caucci, promotor de la iniciativa y presidente del centro italiano.
El también catedrático de la Universidad de Perugia añade a su explicación las características del centro castreño, como la incorporación de una extensa biblioteca y archivo sobre el Camino de Santiago. También destaca la programación que acompañará la nueva sede basada en la organización de conferencias, mesas redondas, exposiciones y congresos científicos.
La sede de este organismo se ha levantado sobre una antigua casona de Castrojeriz, que ha sido rehabilitada para tal fin manteniendo su arquitectura original. El proyecto ha supuesto una inversión de 250.000 euros, de los cuales 100.000 han sido aportados por Adeco Camino. También se han recibido ayudas de la Xunta. El centro contará con una zona para el hospedaje de los estudiosos del Camino que se acerquen a Burgos.
A finales de 2008
Las obras de rehabilitación de la casa comenzaron hace dos años y terminaron a finales del pasado. En la actualidad se está procediendo a su equipamiento y colocación del mobiliario. Caucci calcula que el centro se inaugurará la próxima primavera, aunque habrá que esperar al verano para que abra sus puertas al público.
El organismo que promueve este centro, la Confraternidad Di San Jacopo de Perugia, mantiene una estrecha relación con la zona de Castrojeriz desde que rehabilitaran la ermita-albergue de San Nicolás en la vecina localidad de Itero del Castillo. Este centro está gestionado directamente por miembros de esta hermandad, que visitan periódicamente el municipio burgalés.
Desde que conocieran Itero del Castillo, la confraternidad -que cuenta ya con varios socios castreños- se ha interesado por crear una infraestructura jacobea en esta parte del Camino de Santiago que hiciera las veces de sede nacional. Fue entonces cuando conocieron la existencia de una casona del siglo XVII, apoyada en la muralla, que se vendía en Castrojeriz y que cumplía sus expectativas. Decidieron rehabilitarla y el proyecto ya está ejecutado.
El próximo sábado 30 de enero se celebran elecciones en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Burgos que, según nos cuentan, tiene alrededor de 700 socios.
El actual presidente Gregorio Martínez tras dos años en el cargo lo deja. Su intención es seguir al frente de la revista de la asociación, Hito.
Al poco tiempo de anunciar su marcha salieron dos nombres: Jesús Aguirre, durante muchos años secretario de la asociación y Eduardo Francés, ex-concejal del ayuntamiento de la capital y alcalde de Castrojeriz hace unos años.
EL CONFIDENCIAL sabe que las relaciones entre los dos candidatos a la presidencia pasan por un momento no especialmente dulce. Se habla incluso de ostrucionismo a la hora de poder disponer del censo, etc...
Todo apunta en el sentido de que en la última semana el ambiente puede ponerse más tenso. Lo que ya nadie duda es que las relaciones entre los dos "contendientes" no son demasiado cordiales, y eso que son de la Asociación de Amigos.
Las ruinas del convento de San Antón acogerán la misa.
Actividad: Festividad de San Antón.
Lugares: Castrojeriz y Lerma.
Día: Durante la jornada de mañana sábado.
Programas: En la villa castreña, misa de campaña y posterior comida. En la Villa Ducal se rememorará la tradición de rodar la naranja.
La provincia de Burgos revivirá este fin de semana algunas de sus tradiciones más enraizadas con la celebración de festividades como San Antón o San Sebastián. El primero protagonizará los actos organizados para la jornada de mañana en Castrojeriz y Lerma. Lo hará con costumbres tan generalizadas como la bendición de animales o con prácticas tan originales como la de rodar la naranja ladera abajo.
La villa castreña festejará San Antón con una misa de campaña a partir de las 13.00 horas. Los asistentes se trasladarán después a degustar un cocido local, por un precio de doce euros, en los restaurantes El Mesón, La Cachaba y Las Cruzadas. Durante la jornada no faltará la bendición de las mascotas según los ritos de los monjes antonianos.
Y de Castrojeriz nos trasladamos a Lerma, donde se repetirá este rito a las once y media de la mañana durante la misa en el barrio de San Francisco, en la ermita que lleva el nombre del patrón de los animales. Después habrá un vino español. Por la tarde, los actos continuarán con el rosario, que dará paso a las cinco y media a la tradición de rodar la naranja. Los más pequeños de la Villa Ducal deslizarán los frutos ladera abajo como si de una pelota se tratase. Una vez rodada deberán comérselos, si es que han sobrevivido a los múltiples lanzamientos sufridos.
Se trata de una tradición que se realiza en la localidad desde hace un siglo, aunque se desconocen sus verdaderos orígenes. Los organizadores de la actividad se encargarán también de facilitar las naranjas a todos los asistentes. Finalizado el ‘juego’, los vecinos de este barrio lermeño ofrecerán a las seis de la tarde una degustación de productos de la matanza, que estará acompañada con vinos de la Denominación de Origen Arlanza y los sonidos de las dulzainas y tambores del grupo La Galana de Lerma.
Las tradiciones por San Antón se sucederán en distintos puntos de la provincia, como la que organizan en Villafranca Montes de Oca con la bendición del pan en recuerdo a aquellos animales que aportaban buena parte del sustento familiar.
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